Busco madre hija euros
BUSCO MADRE E HIJA O DOS HERMANAS MUY SUMISAS MUY DISCRETAS
Hombre muy dominante Busca madre e Hija, o 2 hermanas, muy sumisas, muy discretas, atractivas, (entre 18 y 65 años) en la zona de Torre del Mar (Malaga).Hombre de 42 busca pareja de mujeres transgresoras bisexuales, con un sitio para encuentros, busco mujeres muy educadas y muy respetuosas, pero en casa muy viciosas muy morbosas, muy sumisas, muy guarras. para formar un trio continuado, relacion de amantes, novios sexuales, amigos sexuales continuados, no solo un encuentro puntual, una relacion de 3 continuada. Yo hombre de 42 años, alto deportista, atletico, depilado, muy educado, muy respetuoso, muy morboso, muy dominante y guarro y muy vicioso en el sexo en casa. Lo pasaremos expectacular, y disfrutaréis de una experiencia única como nunca, tanto si tenéis experiencia como si queréis empezar, busco mujeres sin tabus, deshinibidas, transgresoras para relacion estable continuada de amistad morbo, pasion.. No cobro no pago. Condicion: Mujeres muy discretas, muy sumisas, muy buen rollo, ganas de sexo sin problemas, solo pasarnolo expectacular. Os espero Princesas. NO COBRO, NO PAGO. SOLO PLACER. Mujeres deshinbidas sin tabús para sexo familiar, Los tres formaremos el equipo sexual perfecto, una complicidad perfecta, con maxima discreccion. Fuera del sexo sereis tratadas con maximo respeto, en el sexo con maximo placer, podreis pedirme todo aquello que nos os atreveis a confesar y que soñais y deseais en vuestros sueños mas humedos, conmigo se haran realidad.
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HOMBRE BUSCA DOS MUJERS BISEXUALES
Chico de 41 años, Busca pareja de mujeres bisexuales con sitio para encuentros en las zonas de Torre del Mar, busco 2 mujeres (18-69 años)educadas y respetuosas en la calle, pero en casa, muy sexuales, muy morbosas, muy viciosas y guarras en el sexo como yo para que disfrutemos del mayor placer de la vida sin tabus, sin restricciones, lo pasaremos genial. Para ser amigos, sexuales, amantes, novios sexuales, sin compromisos, la idea es hacer un trio para encuentros continuados de buen rollo y disfrutar del sexo sin tabus, haremos realidad nuestras fantasias, Bien puede ser una mujer madura y una joven para roll madre e hija, roll sexo familiar, Bien una chica dominante con la otra chica y sumisa con migo, para roll paraje tiene su sumisa sexual, su exclava sexual, bien una chica que quiera aprender roll sexo profesores alumna, o simplemente 2 chicas para trio, con la unica condicion que sean muy sexuales, muy morbosas y muy viciosas en el sexo, con imaginacion. Yo chico de 41 alto, deportista, atletico, depilado, educado, respetuoso, pero en casa muy morboso, sexual, vicioso y guarro para haceros disfrutar. Condicion: Chicas de muy buen rollo, simpaticas,para sana amistad, sin malos rollos, MUY discretas, muy sexuales y viciosas, muy morbosas para encuentros llenos de morbo, lujuria desenfreno, frenesi, y sexo sin tabus. Tambien puede ser una chica y buscamos otra que a ti te guste como te guste.. No cobro no pago. solo placer sin problemas, sin malos rollos, seremos amantes complices, trio sexual de amigos, equipo sexual complices
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PARA CHICA JOVEN BUSCO SUMISA
Para quedadas encuentro relación sin compromiso ni complicaciones. Sin complejos me d a igual tú físico si es buena sumisa, obediente dejas usarte tú boca o ,ponerte posiciones, vendarte ojos, follar tú boca suave o rápido... Consentimiento seguro respeto azotes corridas creampie quiero que sean joven ya he tenido experiencia con mujeres más maduras busco hija no madre. . Si eres fea o tímida no temas puedes valer. Y tú familia o entorno no notará que eres puta conmigo a solas foto de ahora si te gusta pclla escribe toda tuya para ti solamente
BUSCO MADRE E HIJA ASIÁTICAS, O 2 HERMANAS ASIÁTICAS, MUY DISCRETAS, MUY SUMISAS, MUY SEXUALES
Chico muy morboso BUSCA madre e hija Asiáticas, o 2 hermanas asiáticas, Atractivas, bisexuales, muy morbosas, muy viciosas , muy sumisas, muy discretas, que le guste el sexo duro, con un sitio para encuentros en Torre del Mar,que quiera disfrutar de mamar un buen pollon, que le guste que le follen duro su culito, su coñito sus tetitas, su boquita,con ganas de sexo para follar toda la noche Busco 2 mujeres para relación continuaada estable, novias sexuales, amigas sexuales, para relación de continuidad, sana amistad, complicidad, sin tabús, y disfrutar del sexo, con los límites que necesites poner vosotrss para sentiros agusto, queridas, mimadas,(mayores de edad entre 18 y 69 años),para follar hasta el amanecer, juguetes ojos vendados, manos atadas toda la noche hasta caer rendidos abrazados al amanecer,, para relación continuada, sin compromisos educadas y respetuosas pero muy viciosas y muy morbosas en el sexo,con sitio en Torre del Mar. yo chico de 42 años,, alto, deportista, Atlético,depilado muy ,morboso,muy educado, muy respetuoso.Pero muy vicioso en el sexo. No cobro no pago, solo sexo. Condición: serías , muy discretas, muy sumisas, muy sexuales y muy buen rollo., para disfrutar de nuestro mundo sin tabús, sin límites, tan solo los que necesitéis poner vosotras. Fuera del sexo series tratadas con máximo respeto, en el sexo con máximo vicio, morbo y placer. Condición : Muy discretas, muy sumisas, serías, muy buen rollo, ganas de sexo y pasarlo bien. No cobro no pago. Los 3 seremos amigos amantes, sexo en familia. Y disfrutar de muy buen rollo
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BUSCO MADRE HIJA PADRE HIJA HERMAN@S ETC PARA SEXO ESPORÁDICO
Hola buenas busco familiares que hagan incesto real en Lugo ciudad en Galicia,no pago no cobro,muy discreto,no tengo coche ni sitio,iré junto vuestra y lo pasaremos bien, también me sirve pareja de lesbianas,si hay alguna interesada mándame un WhatsApp o mensaje,no atiendo llamadas ni números privados ni ocultos,,respeto vuestra privacidad, espero tú WhatsApp o mensaje un saludo chao
DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 53
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás adds 53
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
Contacto:
marianoesteban.mjea@gmail.com
Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días
726000,0
DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADDS 52
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás adds 52
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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marianoesteban.mjea@gmail.com
Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 51
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás adds 51
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 50
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás adds 50
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 48
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 47
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás adds 47
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
Contacto:
marianoesteban.mjea@gmail.com
Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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726000,0
DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADDS 46
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás adds 46
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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726000,0
DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 45
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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726000,0
DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 43
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás ad 43
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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marianoesteban.mjea@gmail.com
Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
726000,0
DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 39
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás ad 39
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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726000,0
DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 38
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás ad 38
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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726000,0
DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 37
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás ad 37
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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726000,0
DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 33
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás ad 33
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
726000,0
DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 32
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás ad 32
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás ad 31
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
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marianoesteban.mjea@gmail.com
Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
726000,0
DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 29
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás ad 29
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
726000,0
DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 28
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás ad 28
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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marianoesteban.mjea@gmail.com
Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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726000,0
DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 27
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás ad 27
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Que la luz de tu intención ilumine las sombras de mis últimos días.
726000,0
DEJO TODOS MIS BIENES A UNA PERSONA CARITATIVA QUE CAMBIE LA VIDA DE LOS DEMÁS ADD 26
Dejo todos mis bienes a una persona caritativa que cambie la vida de los demás ad 26
Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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Soy Marino Esteban, nacida en 1934, y acabo de cumplir noventa y nueve años. Escribo estas líneas plenamente consciente de mi estado, con el espíritu sereno, pero con el cuerpo marcado por una enfermedad implacable. Nunca tuve la suerte de ser madre, ni el consuelo de tener hijos. Soy viuda desde hace diecisiete años y, tras haber tenido que presenciar el último aliento de mi amado esposo en la mesa de operaciones, aprendí que la vida no se mide por las pruebas sufridas, sino por la luz que uno intenta encender antes de apagarse.
Hoy, mi destino está sellado por un cáncer de hígado en fase terminal. Los médicos solo me dan unos días de vida, y les agradezco su sinceridad, pues la verdad es la mayor muestra de respeto. Me dirijo a aquella persona cuya alma sea capaz de responder a la llamada silenciosa de mi corazón.
Tras una profunda reflexión, he decidido legar la totalidad de mi fortuna, valorada en 726 000 euros, a una persona dotada de fe y buena voluntad. Ni a un pariente lejano, ni a una institución fría, sino a una persona con aspiraciones sinceras, honestas y piadosas, capaz de utilizar esta herencia no para su propia gloria, sino para llevar a cabo un proyecto que beneficie a su comunidad.
No pido ni oraciones sobre mi tumba, ni un monumento grandioso. Solo deseo que este dinero, fruto de una vida llena de trabajo y sacrificios, se convierta en una semilla: una escuela para niños pobres, un centro de acogida para los olvidados, un taller de arte para las almas rotas, un huerto comunitario en el corazón de un barrio pobre; la elección es suya, siempre que su proyecto lleve la marca del bien desinteresado.
Sé que hay muchos mercaderes de ilusiones y corazones codiciosos. Por eso solo legaré mi herencia sobre la base de un intercambio fundado en la lealtad y la transparencia. No busco herederos por necesidad, sino portadores de esperanza.
Si estas líneas suscitan en ti una respuesta sincera, si llevas en tu interior el fuego silencioso de un amor activo, escríbeme. Leeré tus cartas sin prisas.
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